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EL CANAL IMPERIAL DE ARAGÓN

Fue una pena que, en la época de los Sitios quedase destruido el Archivo de la Casa del Canal Imperial de Aragón. Tenía entonces sus oficinas en una casa frente al teatro Argensola. Sufrió el inmueble graves quebrantos y fue demolido antes de 1857, cuando comenzó  la apertura del Salón de Santa Engracia, ahora paseo de la Independencia. Con fecha 2 de agosto de 1818 se instalaron en la calle de Santa Cruz, nº 17 y 19. Y, a falta de datos, por la causa indicada debemos recurrir al "Diario Íntimo" de don Faustino Casamayor en el que nos relata la inauguración del Canal Imperial, ocurrida el 14 de diciembre de 1784.

A las cuatro de la tarde llegó a las inmediaciones de Zaragoza, por el Canal Imperial de Aragón, en una barca muy hermosa, adornada con muchos gallardetes el M. I. Sr. D. Ramón de Pignatelli Moncayo y Aragón, Caballero de la Real y Distinguida Orden de Carlos III, Príncipe del Sacro Imperio Romano, Sumiller de Cortina de S.M., canónigo de esta Metropolitana Iglesia, protector y director de las obras de dicho canal, le seguían seis barcas cargadas de hierro, cebada, aguardiente, carbón, cestas, tablas y piedras de sillería, hasta un peso de carga de 2.000 quintales.

El concurso de toda clase de personas era tan grande que, apenas se podía transitar por el canal. Hubo una gran fiesta, a pesar de ser jornada de trabajo

El día 15 se echó el agua del canal durante varias horas por algunas acequias derivadas, que discurrían por algunas calles públicas de la ciudad y pronto quedó habilitado el famoso cauce del canal para el riego y la navegación.

La longitud del canal desde la presa de Tudela (el Bocal) hasta Sástago, será de unas 32 leguas de a 80 varas, su altura hasta la superficie del agua, 9 pies. Pero no llegó hasta Sástago, como insinuaba don Faustino, sino hasta el término municipal del Burgo de Ebro, con una longitud total de 107 Kilómetros.

En la "Guía de Zaragoza de 1817" reseña su autor, don Miguel Borau de Latras, que todos los lunes y jueves, salía un barco del puerto de Miraflores con destino al Bocal desde el 1 de marzo hasta el 31 de octubre, a las seis de la mañana y volvía en un día desde el Bocal. Los billetes de los fletes se despachaban en la Administración General o Torrero, debiendo tenerse presente que no se admitirá a persona alguna sin pasaporte, puesto que se dará gratis en la Administración, debiendo abonarse la persona, si no fuera conocida.

En la "Guía de la ciudad del año 1860", también se habla del canal y dice: el encargado del departamento de Torrero tiene a su cuidado toda la parte del canal, comprendida desde dicho sitio hasta el puente de Pamplona. En este trozo, se encuentra el molino de San Fernando, el de Casa Blanca y una sierra de agua, así como una porción de almenaras que sirven para suministrar el agua a los sindicatos, a las fábricas de harinas, buatas y colchas, lavaderos de ropas y de lanas, y otras industrias, así como también a las casas de baños, fuente de la Princesa y fábricas de cerveza.

En el departamento del Bocal existe también un encargado, que tiene a su cuidado, bajo la inspección del encargado de Torrero, todas las obras que se ejecutan en el canal desde el puente de Pamplona hasta la presa o embocadura del mismo y cuenta también con un gran número de almenaras y un sin número de obras notables como el puente sobre el río Jalón, la presa y el palacio de Carlos V. En los edificios del Bocal residen, el encargado de obras, los empleados del establecimiento y su capellán.

El conde de Sástago, don Vicente Fernández de Córdoba y Alagón y Glimes de Brabante, marqués de Peñalba y de Aguilar, señor de la baronía de Pina y Grande de España, escribió una obra dedicada a los augustos soberanos don Carlos IV y doña Mª Luisa de Borbón, bajo el título: "Descripción de los Canales Imperial de Aragón y Real de Tauste", Francisco Magallón, Zaragoza, 1796.

En ella nos cita, las utilidades que produce su riego en el término de nuestra ciudad, regando las siguientes partidas: Garrapinillos Alto (647 cahizadas),  Garrapinillos Bajo (1.504 cahizadas), Miralbueno (3.766 cahizadas).

Desde el río Huerva hasta el término del Burgo de Ebro, se cultivan 5.722 cahizadas.

El Canal Imperial regaba desde el Bocal Real hasta su desagüe en Sástago 42.521 cahizadas.

El canon que debían pagar era el siguiente: desde Ribaforada hasta Gallur inclusive, todas las tierras pagan en mies de 6 fajos, uno, excepto 1.390 cahizadas de Novillas que, siendo tributarias al Comendador de la Orden de San Juan, sólo pagan al Real Proyecto, de 32 fajos, uno.

Desde Zaragoza hasta Sástago la tierra antigua paga y pagará el 5º en granos, y semillas en limpio, y el 7º de otros frutos; y la tierra noval el 6º en grano limpio, y el 8º de los demás frutos.

El término de las Adulas, y otros comprehendidos en el de Zaragoza, que riegan por albaranes, pagan en dinero a 8 reales plata por la primera vez que riegan desde 1º de septiembre, y 4 reales plata cada una de las demás.

Respecto a la navegación sigue diciendo el conde que resulta muy beneficiosa, no sólo para el transporte de mercancías, en mejor estado que los carros y con mayor rapidez, sino también en el transporte de viajeros, pues las 16 leguas que separaban el Bocal de nuestra ciudad, podían hacerse en dos días por 20 reales de vellón, pudiendo llevar una maleta de una arroba.

En el Barco Ordinario hay una división separada del común con el nombre de camarote: pueden ir en él hasta ocho personas y su flete cuesta 30 reales de vellón a la subida y 40 a la bajada.

La navegación se verifica, tirando de los barcos una o más caballerías, pero algunos llevan velas y se utilizan cuando el viento es favorable; así a la distancia de dos leguas, en las paradas hay ocho o diez caballerías de refresco para el tiro de barcos. Para que este establecimiento prosperase, se construyeron dos cabañas para la parada, acogida de yeguas y crías, una en el Soto de Bervel y otra en la partida de Garrapinillos, junto a la casa llamada de San Pascual.

El barco debe ser ligero y chato y de magnitud mediana y el cargamento no debe exceder de 300 cahíces de trigo o de un peso correspondiente y deben procurar no detenerse en los puertos más de lo necesario y tener en las paradas, prontas las caballerías

Cada persona que se embarque hacia el Bocal Real, hacia la ciudad o hacia algunos pueblos que se encuentran en sus inmediaciones, pagará un real y cuartillo de vellón por legua, se le permite llevar de peso una arroba y en todo lo que exceda, satisfará cuatro maravedises por arroba en cada legua.

Por el trigo, cebada, judías y cualesquiera otros granos se paga 16 maravedises por legua.

Por azúcar, cacao y todo género de especierías, bacalao, pescados en barriles o toneles, se pagará 24 maravedises por arroba.

Por toda especie de manufacturas de lana, algodón, lino y seda, acero u otro metal se pagará 24 maravedises por arroba.

Por las lanas, linos, algodón en rama y regalices se pagará 32 maravedises por arroba

Por los aceites de comer, vinos y licores en frascos, botellas, pieles, barriles, o cajones, vidrios y cristales, se pagará 32 maravedises por arroba.

Por el hierro forjado en barras, planchuelas, vergajón, cavillas y llantas se pagará 16 maravedises por arroba.

Por el hierro en armas, balas, anclas, anclotes y Armada de S.M. se reputa en cuanto al precio de transporte como el hierro sin labrar a 16 maravedises por arroba.

Como el Real Proyecto ha tomado a su cargo todos los caminos y la conservación de aquellos que se dirigen al canal y a sus puertos, cada pasajero o arriero debe pagar por cada caballería con carga, 4 maravedises

Por cada carro o carromato 12 maravedises, por cada calesa o calesín 8 maravedises, por cada coche de camino con dos mulas, o caballos 16 maravedises, con cuatro mulas 24 maravedises.

 De estos impuestos están libres los que, montados o con cualquier carruaje fueren de paseo, los labradores y vecinos que pasen por la recolección de sus frutos y demás faenas de la labranza y cultivo de las tierras, o los que conducen trigos o granos a sus molinos y cualquiera especie de manufacturas a sus batanes.

También la góndola "Santa Cecilia" surcaba las aguas del canal con su proa en forma de cisne blanco que, tirada desde la orilla por caballerías, llevaba a los viajeros desde la playa de Torrero hasta la Quinta Julieta, finca arbolada, con cuevas artificiales, dos lagos para remar y una pequeña plaza de toros. A comienzos de siglo existía la costumbre de ir allí a merendar y pasar una buena tarde. Ésta barca se guardaba en uno de los diques de Miraflores.

Existieron además otros barcos con interiores aterciopelados y adamascados como el "San Fernando", "Nuestra Señora del Pilar", "Isabel II", "Santa Engracia" y "Don Ramón Pignatelli".

Por los años cuarenta todavía existía un barco que hacía la travesía hasta el Bocal de Tudela y, en los años 50 y 60 se podía remar en las barcas que había en las orillas, previo pago  de unas cuantas pesetas. Actualmente sus orillas se encontraban en estado lamentable y han comenzado su restauración (año 1998).

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